lunes, 20 de junio de 2011

Faraones del Sol, 5ª Parte:
Nefertiti (La Bella ha Llegado)

Nefertiti

En el año 1912, arqueólogos alemanes desenterraron de entre las ruinas de Amarna un busto de la reina Nefertiti, casi en perfecto estado; la pareja que acompañaba a la pieza, otro busto del faraón Akenatón, estaba destrozado.

Nefertiti, cuyo nombre significa «la bella ha llegado», fue el parecer la reina más hermosa, enigmática y poderosa del Antiguo Egipto. Se cree que provenía de uno de los harenes de Amenhotep III en Malkata, donde residían más de 500 consortes y concubinas del palacio más grande donde habitaban los faraones. Akenatón escribiría de ella: «de hermoso rostro, colmada con un doble honor: señora del alto y bajo Egipto. Esposa del rey; su amada, Nefertiti».

Al principio de su reinado, Amenhotep IV y Nefertiti se erigieron sumo sacerdote y sacerdotisa del dios Atón, en Karnak. Cinco años después, él cambió su nombre por el de Akenatón y la reina Nefertiti hizo lo propio con Neferneferuatón Nefertiti, ordenando edificar numerosos templos de adoración al dios Atón, construidos en muy pocos años, que lograron ensombrecer a los de Amón –dios que habitaba en la oscuridad-. Así lo demuestra el hallazgo de miles de bloques tallados, descubiertos tras un terremoto, ocultos y reutilizados como relleno en un pilón de Karnak en una de las construcciones de otro faraón posterior. Sin embargo, todo apunta a que debido a la censura del sumo sacerdote de Amón, Akenatón y Nefertiti dejaron la ciudad de Tebas en favor de la nueva capital, Ajetatón.

Algunas representaciones de Nefertiti halladas en las ruinas de Amarna la muestran con tocados, golpeando a sus enemigos o conduciendo su propio carro, compitiendo con el faraón y realizando acciones propias de éste. Akenatón y su reina (corregente del faraón al parecer durante todo su reinado) llevaron a cabo una revolución que rompió con miles de años de tradición, saqueando incluso los templos de Karnak y expulsando a miles de sacerdotes. El ritual de traslado de las estatuas de dioses de templo en templo a través del Nilo fue prohibido y sustituido por un desfile de Akenatón y Nefertiti sobre carros, recorriendo los templos de Ajetatón.

La nueva capital brilló ligeramente, sin evitar convertirse quizá en la primera experiencia fanática conocida de la historia. Las imágenes representadas en la tumba de un noble enterrado en Ajetatón retratan a la familia real rodeada de numerosos soldados, lo que hace pensar que estaban muy protegidos para evitar agresiones o posibles levantamientos. Sin embargo, el único indicio hallado de una evidente discordia en la población es una escultura en miniatura de un carro conducido por un mono.

Nefertiti no fue la única esposa del faraón Akenatón. Éste tuvo otra esposa secundaria llamada Kiya («la amada gran esposa», que hasta hace poco tiempo fue considerada la madre del faraón Tutankamón), que desaparece de los registros durante el año onceavo de su reinado. Un año después, Nefertiti se convierte en corregente de Akenatón durante una gran celebración. Pero las inscripciones de las tumbas de Amarna indican que Nefertiti ya usaba el mismo nombre que el corregente de Akenatón, lo cual parece apuntar a que finalmente fue evolucionando desde reina corregente, al final del reinado de Akenatón.

Las trescientas tablillas con inscripciones halladas en Amarna, ponen de manifiesto el caos que reinaba en Egipto. Akenatón fue, al parecer, un líder religioso y un político nefasto. En su nueva religión, el pueblo debía adorar a la familia real, cuyos miembros transmitían sus mejores deseos al dios Atón; ése debió ser el mayor error cometido quizá por el megalómano Akenatón, precursor del Judaísmo, el Cristianismo y el Islamismo.

Nefertiti desaparece completamente de la historia durante el año 14 del reinado de Akenatón. Semenejkara la sustituye a ella, y al propio Akenatón. Existen multitud de versiones al respecto de lo ocurrido, pero lo único cierto es que se desconoce la verdad. Muchos egiptólogos creen que el faraón Semenejkara fue la propia Nefertiti, teoría afianzada por el hecho de que su tumba no fuera terminada, pero sí la de su esposo Akenatón, inicialmente enterrado en Ajetatón. Las cuatro esquinas de su sarcófago de granito (reconstruido en el museo de El Cairo) parecen protegidas por la propia Nefertiti, lo cual apuntaría a que ésta sobrevivió al faraón.

Semenejkara tuvo un breve reinado y murió poco después de ser coronado faraón de Egipto. A través de las cartas de Amarna, conocemos su deseo de ser enterrado en el Valle de los Reyes, y no en Ajetatón. Parece probable que Semenejkara comenzara a restablecer el clero tradicional del culto a Amón, reabriendo los templos de Karnak.

Busto de Nefertiti
(Museo de Berlín)

Atentamente:
Rafael Moriel

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