domingo, 29 de mayo de 2011

Tutankamón: «El Rey Niño»

Reconstrucción actual del rostro
de Tutankamón

El día 26-11-1922 se abre el sello de la tumba de Tutankamón, lo que supone el hallazgo arqueológico más importante de la historia reciente.

Utilizado como cementerio para al menos 40 reyes y miembros de la familia real, el Valle de los Reyes fue abandonado por sus guardianes tras la caída del Imperio Nuevo Egipcio.

Howard Carter, hijo de un pintor inglés, pisó Egipto por primera vez a los 17 años de edad, en calidad de artista. Sin embargo, fue años más tarde cuando el aristócrata inglés George Herbert de Carnarvon lo contrató para realizar una excavación en el Valle de los Reyes.

El faraón más famoso de todos los tiempos no era nadie entonces. Pero el hallazgo de una taza con inscripciones y unos paquetes y jarras encontrados junto a otra tumba, atrajeron la atención de Howard Carter. Tras varios intentos fallidos, Carter comienza su última temporada de excavaciones en el Valle de los Reyes el día 1-11-1922, desenterrando a los tres días el primer escalón de acceso a la tumba de Tutankamón.

El rey Tut nació a mediados del siglo XIV a. de C. Fue nieto de Amenhotep III e hijo de Akenatón, que abolió el culto a los dioses de Egipto y clausuró los templos de Tebas, trasladándose a la nueva capital Ajetatón (actualmente conocida como Amarna), erigida en honor al dios Atón. Allí fue instruido Tutankamón, se cree que en un ambiente de amor y armonía desconocido hasta entonces. Su nombre inicial fue Tut-ank-Atón (imagen viva de Atón, en honor al dios Atón) y fue coronado hacia el año 1333 a. de C., en plena crisis tras el profundo cambio religioso proclamado por Akenatón.

Su pequeña tumba, ubicada frente a la de Ramsés VI, mostraba evidencias de haber sido profanada, puesto que en el Antiguo Egipto quienes enterraban a sus reyes eran los primeros en robar sus tesoros, y algunas cajas habían sido abiertas y cerradas de nuevo. Diseñada para albergar a alguien de categoría muy inferior a la de un rey de Egipto, la tumba estaba compuesta por un corto acceso, una antecámara, una cámara principal funeraria, un pequeño anexo y una cámara del tesoro.

El breve reinado de Tutankatón -quien finalmente cambió su nombre por Tutankamón-, no estuvo libre de intrigas y traiciones, aunque la historia reconstruida es una mera suposición de lo acontecido.

Su esposa Anjesenpaatón (la que vive por Atón), hija de Akenatón y que asimismo cambiara su nombre por Ankesenamón, perdió dos hijos cuyos fetos momificados fueron hallados en la tumba. Tras la muerte de Tutankamón, atribuida recientemente a una fractura del fémur y malaria en la peor de sus versiones, Ankesenamón envió una carta a sus enemigos los Hititas, con quienes Egipto se encontraba en guerra cuando el Rey Niño fue coronado. El mensaje, tallado en una piedra, recoge la súplica al rey hitita de que envíe a uno de sus hijos para desposarse y continuar el reinado de Egipto con sangre real, aduciendo no fiarse de nadie a su alrededor. El rey hitita hace caso omiso de la primera misiva, aunque finalmente accede tras un segundo mensaje, enviando a uno de sus hijos, que junto con su séquito, es aniquilado durante el viaje.

Posteriormente, el sumo sacerdote Ay y el jefe del ejército, Horemheb, se repartieron el poder de Egipto. Un anticuario egipcio demuestra, mediante una joya de compromiso, la boda entre Ankesenamón y Ay, lo que confirma que ésta se desposó finalmente con él, a quien la historia no ha visto con buenos ojos y que, al igual que otros faraones, borró las huellas de su antecesor.

Tutankatón murió a una edad estimada de diecinueve años. Ay reinó durante cuatro años y nada se sabe de Anjesenpaatón, cuya tumba es buscada con especial ahínco.

Los científicos afirman que el fin de la dinastía XVIII parece precipitado por el casamiento repetido entre los miembros de la familia real, lo cual llegó a provocar malformaciones genéticas entre sus miembros, tal como puede apreciarse en uno de los fetos hallados en la tumba de Tutankatón, que padecía síndrome de Marfan. El propio Tutankatón sufría una necrosis avascular ósea en uno de sus pies, lo cual explica que fuera enterrado junto a decenas de bastones.

«Quien fuera borrado de la historia, el desafortunado Rey Niño, es hoy en día el faraón más popular de todos los tiempos. El perdedor por excelencia, cuya tumba fue prácticamente improvisada, es el único faraón conocido que descansa en el Valle de los Reyes. Ningún otro lo consiguió, ni siquiera Ramsés II el Grande, el más vanidoso de todos los faraones, cuya tumba fue destruida por las aguas».

Máscara de Tutankamón
(foto: Kenneth Garrett)

Atentamente:
Rafael Moriel

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