domingo, 10 de mayo de 2020

Mariposario del Drago



Lo más frágil que he visto en toda mi vida fue una mariposa gigante, batiendo sus alas.

El día que visitamos el «Mariposario del Drago», en la isla de Tenerife, observé volar a un ejemplar de mariposa grande. En ese instante fui consciente de la enorme fragilidad de aquel insecto, de más de diez centímetros, desplazándose lentamente.

El objeto del presente post es concienciar acerca del respeto al medio ambiente, concretamente de las mariposas, si es que todavía estamos a tiempo de cambiar algo.

1-Attacus Atlas
Foto: Rafael Moriel

La mariposa es un insecto del género lepidóptero. Se conocen doscientos cincuenta mil tipos diferentes de especies, de los cuales tan sólo quince mil de ellos se corresponde con mariposas diurnas, siendo el resto de ellas nocturnas. Se trata del grupo con mayor diversidad de especies sobre la tierra.

2-Danaus Plexippus
Foto: Rafael Moriel
Actualmente, las mariposas son consideradas como indicadores biológicos de la salud ambiental de los ecosistemas, ya que tan sólo pueden subsistir en entornos limpios. Muchas especies de mariposas se han extinguido durante los últimos cuarenta años, y el 76% de las especies ha sufrido un vertiginoso descenso en su población.

3-Dryas Iulia
Foto: Rafael Moriel

Una mariposa común vive entre una y tres semanas. Las especies que hibernan pueden vivir hasta varios meses, debido a su inactividad durante dicho periodo. Algunas especies de mariposas nocturnas no se alimentan nunca, de modo que tan sólo logran sobrevivir un promedio de entre tres y seis días.

4-Dryus Iulia + Heliconius Cheritonius
Foto: Rafael Moriel

El apareamiento de las mariposas dura alrededor de veinticuatro horas, tras lo cual la hembra pone entre cincuenta y mil huevos. Cada especie de mariposa se decanta por una planta concreta para poner los huevos, y es necesario que la hembra encuentre dicha planta, puesto que sus orugas sólo pueden alimentarse de determinadas plantas. Una mariposa se aparea una sola vez en toda su vida.

5-Greta Oto
Foto: Rafael Moriel

Las mariposas se alimentan del néctar de las flores, aunque también de la fruta muy madura, la savia de algunos árboles, e incluso de secreciones animales como el sudor, lágrimas u orina, de donde obtienen sales minerales.

6-Heliconius Erato 2
Foto: Rafael Moriel

El polvillo que recubre las alas de las mariposas está conformado por diminutas escamas, y es responsable de los colores y los dibujos sobre la superficie de sus alas, dándole el nombre que caracteriza a cada especie en particular, que siempre proviene del griego «Lepido», que significa escama, y «Pteron», que significa ala.

7-Heliconius Erato_2
Foto: Rafael Moriel

La metamorfosis de la mariposa comienza en su fase como huevo, creciendo como una oruga y tras la fase de transformación denominada crisálida, se convierte finalmente en adulto o imago.

8-Heliconius
Foto: Rafael Moriel

Una mariposa puede poner entre cincuenta y mil huevos, de los cuales se estima que tan sólo un 2% cumplirá el ciclo, convirtiéndose en adulto. Una vez se ha transformado en oruga, ésta puede multiplicar por cinco mil veces su peso inicial, llegando a mudar entre cuatro y seis veces su piel rígida, o exoesqueleto.

9-Idea Leuconoe
Foto: Rafael Moriel
Finalmente se produce la transformación de la crisálida, y algunas mariposas nocturnas pueden incluso cubrir la crisálida con seda protectora durante meses, antes de la metamorfosis.

10-Morpho Peleides
Foto: Rafael Moriel

Cuando la mariposa sale de la crisálida, sus alas están húmedas y arrugadas, de modo que es necesario estirarlas para poder volar. Su única misión consistirá en encontrar una pareja con la que poder procrear y repetir el ciclo que perpetúa la especie.

11-Orugas Samia Ricini
Foto: Rafael Moriel
La desaparición de los prados silvestres, que han sido finalmente sustituidos por zonas de monocultivo, urbes urbanas y zonas industriales, etc., ha hecho que las plantas de las que dependen las mariposas desaparezcan, lo cual ha limitado su supervivencia de un modo drástico.

12-Orugas
Foto: Rafael Moriel
La ortiga, el trébol, el hinojo y el cardo, que normalmente son consideradas como «malas hierbas», son palantas adecuadas y hospedantes para muchas mariposas.

13-Crisálida_1
Foto: Rafael Moriel
14-Crisálida_2
Foto: Rafael Moriel

15-Crisálida_3
Foto: Rafael Moriel

Actualmente, las mariposas están desapareciendo a causa de la manipulación que el ser humano hace del medio ambiente, destruyendo y extinguiendo los recursos naturales, así como el resto de especies del planeta.

Todas las imágenes han sido realizadas por Rafael Moriel en el «Mariposario del Drago», en la isla de Tenerife, cuya visita recomiendo encarecidamente.


Mariposario del Drago:

Avenida de Canarias S/N

38430 Icod de los Vinos

(Junto al Drago Milenario). Tenerife

Tel: +34 922 81 51 67

mail@mariposario.com




Atentamente:
Rafael Moriel

martes, 7 de abril de 2020

LA BOTICA; Revista Literaria-6 (El Final)







Nota: el presente post es una continuación del post publicado anteriormente, que lleva por título «La Botica, Revista Literaria-5 (Perdiendo Frescura)».



Los últimos años con «La Botica, revista literaria», acontecieron en una soledad absoluta en la que me encontré sumido, sin apenas darme cuenta.

En el año 2010 planteé la posibilidad de incorporar a una persona al equipo directivo de la revista, pero no fue posible. Necesitábamos mano de obra para diferentes tareas, pero Jorge se negó rotundamente. Los años en que ambos trabajábamos codo con codo habían quedado atrás, y actualmente yo desempeñaba la totalidad de tareas, a excepción de la elección del autor de la portada y la contraportada, así como alguna que otra colaboración literaria prioritaria. A veces relegábamos labores en algunos de nuestros colaboradores habituales, pero no funcionaban como cabía esperar. En una ocasión dejamos que distribuyeran ejemplares de la revista, pero algunos miembros de la asociación fueron incapaces de repartir dos cajas de ciento veinticinco ejemplares cada una, cuando Jorge y yo habíamos llegado a repartir mil setecientos cincuenta ejemplares cada uno, durante muchos años y sin cobrar un duro.

Mi amistad con Jorge se encontraba en su momento más bajo. Habíamos llegado a un callejón sin salida, acaso como una pescadilla que se muerde la cola. Por un lado necesitaba ayuda con urgencia, pero él no estaba de acuerdo en delegar funciones ampliando el equipo técnico-directivo y como ya he dicho, las pocas veces que lo habíamos intentado no funcionó. Jorge comenzaba a desentenderse y se dedicaba mayormente a idear y presentar sus propios proyectos, a espaldas de «La Botica, revista literaria». En aquel momento me conformé con eso; era como si yo representase el proyecto original en solitario, pero con las manos atadas. Desempañaba la mayor parte de labores totalmente en contra de mi voluntad, pero continué haciéndolo a pesar de todo; cómo había llegado a este punto me parecía difícil de entender en aquel momento. Además de la asociación cultural y de la revista literaria, estaba mi vida personal, laboral y de pareja, que atravesaron etapas en las que tuve que sortear grandes y dificultosos escollos. «La Botica, revista literaria» era tan sólo uno de ellos.

Un par de años antes de cesar nuestras actividades literarias, la situación era insostenible. Recuerdo que presentamos nuestro proyecto anual al ayuntamiento, el cual incluía un pequeño error, consistente en que en una de las primeras páginas, la fecha que figuraba se correspondía con la del año anterior, que no había sido actualizada. Presentar el proyecto al ayuntamiento era condición indispensable para participar de las subvenciones públicas, y el técnico del ayuntamiento se puso en contacto con nosotros, invitándonos a subsanar el error y entregarlo de nuevo. Una vez corregido se lo di a Jorge. Finalmente y para mi sorpresa, transcurrido un tiempo me llamaron de nuevo, diciéndome que el proyecto no había sido entregado. Al parecer, Jorge lo había olvidado.

Pedí permiso en el trabajo y acudí personalmente a entregar el proyecto. En ese instante supe que había tocado fondo. Jorge no cesaba de presentar proyectos por su cuenta, junto a otras personas ajenas a la asociación, pero sus ideas no salían adelante. No había entregado el proyecto de «La Botica, revista literaria»; pero el asunto no terminaba ahí: la crisis económica fue recortando cada vez más los presupuestos culturales, y a cuenta de ello perdíamos muchos recitales literarios. Tras negociar todo lo posible para no terminar desapareciendo, nos vimos reducidos a la mínima presencia posible durante aquellos difíciles tiempos de crisis económica.

Mi amistad con Jorge estaba muy deteriorada. De hablar todos los días por teléfono varias veces, habíamos pasado a esquivarnos todo lo posible. No confiaba en él, y lo mismo sucedía al contrario. Para colmo, comenzó una persecución institucional hacia las asociaciones, que acabó por dinamitar nuestro proyecto literario.

Tras las elecciones, el nuevo gobierno de derechas exigía a las asociaciones que justificaran sus gastos al detalle, con retroactividad; de súbito, me vi rellenando documentos T10 y otros papeles similares correspondientes a un ejercicio anterior, como si acaso una asociación como la nuestra, sin ánimo de lucro, facturase para ganar dinero o lucrarse, de alguna manera. Recuerdo que habíamos llevado a cabo un recital en el popular «Green Bay» de Vitoria, conmemorando el décimo aniversario de la revista. En dicho recital abonamos cien euros a cada uno de los autores participantes, que escribían en la revista. Recuerdo que había tal presión sobre las asociaciones, que me vi obligado a solicitar unas claves digitales en un punto de atención de la Diputación Foral de Álava, descargarme un software gratuito en el ordenador de mi casa, y responsabilizarme personalmente de cumplimentar toda aquella documentación relativa a la hacienda pública, como si acaso desde la asociación manejásemos dinero de manera habitual. Esto terminó por agotar mi pacienca. Apenas me quedaba algo de tiempo para mis propios asuntos, junto con todos los problemas que veníamos arrastrando y mi maltrecha relación con el co-director de «La Botica, revista literaria», que me dejaba solo y con las manos atadas.

Un día llamaron del ayuntamiento, comunicándonos que no había subvención económica. Recuerdo perfectamente cómo tras hacernos pasar al despacho de cultura en el Palacio de Montehermoso, dijeron que no había dinero, sin siquiera mirarnos a la cara. Yo aduje que lo entendíamos en las circunstancias actuales de crisis, pero solicité que, después de tantos años de esfuerzos, nos dejaran imprimir el último número de la revista, dando por concluido el proyecto. Tanto mi compañero como yo éramos conscientes del deterioro de nuestra amistad y de la situación en la que se encontraba la asociación. La portada del último número de la revista correría a cargo del artista plástico Michel Martínez Vela, y la contraportada sería para el fotógrafo Javier Sánchez. Ambos habían hecho posible la edición del primer número, y estábamos en deuda con ellos. Ése era mi deseo, pero finalmente el ayuntamiento lo dejó estar, y no obtuvimos respuesta. El que sería el último número de «La Botica, revista literaria», se quedó en el tintero. Ni siquiera accedieron a imprimir los ejemplares, a pesar de que no pedimos dinero, ni ninguna otra cosa.

En agosto de 2012 acudimos al Gobierno Vasco, solicitando la baja de la asociación cultural. Reconozco que fue una liberación personal, y por fin pude respirar tranquilo; me sentía completamente solo y me resultaba difícil asumir todo lo acontecido. Decidí alejarme de los ambientes literarios y artísticos de Vitoria-Gasteiz, así como de quien fuera mi compañero de proyecto durante doce años.

He necesitado más de ocho años para racionalizarlo y poder hablar de ello. A mediados de 2011 inicié mi blog personal, una puerta abierta a la creación y un medio de expresión. Continúo escribiendo, tal como es mi deseo, y publico mis propios libros de poesía, relatos, novela y divulgación de temas que me interesan. No deseo, ni necesito participar en otros proyectos similares. Cuando alguien se ha puesto en contacto conmigo en relación a recitales literarios, ha obtenido mi "NO" por respuesta, claro y contundente. Así que ya lo sabéis quienes leáis esto, que es mi decisión: no me interesa, no por el momento. Otra cosa sería las publicaciones.

«La Botica, revista literaria» fue el proyecto literario por excelencia de la ciudad de Vitoria-Gasteiz. Hasta la fecha no ha sido igualado, ni siquiera por aproximación. Disfrutó de una excelente salud, y publicó a más de trescientos autores diferentes. Ése, y ningún otro fue nuestro acierto. Nosotros, quienes lo llevamos a cabo, carecemos de importancia frente a semejante hecho. Mi mayor recompensa fue llevarlo a cabo, a pesar de todo; personalmente, me quedo con la gratificación que sentía tras entregar las revistas en los hospitales, donde siempre era recibido con los brazos abiertos; aunque me confundieran con un recadista, a fin de cuentas no se trataba de un lucimiento personal, y doy fe de ello a través del presente post y cuantos le preceden, en esta historia de «La Botica, revista literaria», probablemente el proyecto literario más interesante de Vitoria-Gasteiz, que publicó textos de diferentes autores en todos los formatos literarios posibles.


Si deseas conocer los detalles y pormenores de la historia de «La Botica, revista literaria», número a número, pincha aquí.



Atentamente:
Rafael Moriel

domingo, 15 de marzo de 2020

LA BOTICA, Revista Literaria-5 (Perdiendo Frescura)







Nota: el presente post es una continuación del post publicado anteriormente, que lleva por título «La Botica, Revista Literaria-4 (La Censura)».



Superada la etapa oscura de censura en «La Botica, revista literaria», transcurrieron varios años sin novedades importantes. Sin embargo, todo cambió de repente cuando comenzamos a recibir una subvención económica que nos permitió ampliar el horizonte literario, editando un par de libros de autores compartidos. Además de la impresión de los 3500 ejemplares de la revista, utilizamos la ayuda para emprender una editorial que permitiera publicar a autores alaveses en cualquier género literario. Todo ello aconteció más o menos del siguiente modo:

Puede que se tratara de una casualidad, pero por aquel entonces nos encontrábamos inmersos en una campaña electoral, y un día encontré uno de esos panfletos de propaganda que echan en el buzón, en el cual figuraban unas líneas de texto libre para rellenar, en las que el «Partido Socialista de Euskadi (PSE)» solicitaba propuestas por si ellos llegaban a gobernar en la capital alavesa. Recuerdo perfectamente que guardé aquel panfleto durante días con la intención de rellenarlo, y finalmente lo hice con un texto que más o menos decía lo siguiente: «Que «La Botica, revista literaria» disponga de una subvención con la que publicar libros, y pueda ser una asociación libre». Algo así reflejé en apenas un par de líneas, y lo envié por correo, hastiado de que a pesar de solicitar una ayuda económica cada vez que presentábamos nuestro proyecto a las instituciones, ésta fuera rechazada y nos tocara agachar la cabeza y acatar sus decisiones, fueran cuales fuesen, sin tener derecho a protestar cuando los ejemplares estaban mal impresos o con errores, además de soportar censuras, etc.

Finalmente los socialistas lograron conformar gobierno en Vitoria. Personal relacionado con el departamente de cultura del ayuntamiento se puso en contacto con nosotros. No supe a ciencia cierta si era debido a mi petición o no, pero recuerdo que coincidía con la época de entrega de los proyectos anuales, y teníamos el nuestro redactado y listo. Dijeron que nos ayudarían, a nosotros y a otros colectivos similares. Puede que se tratase de una mera casualidad, pero el PSOE gobernó en Vitoria-Gasteiz y por primera vez en la historia de «La Botica, revista literaria», dispusimos de una subvención económica cercana a los 3000€.

Consciente de que debíamos aprovechar aquella oportunidad, pensé ampliar la visión que había tenido años antes, cuando planeamos la revista, creando una editorial. Hablé con mi compañero Jorge, y me costó convencerle de que era el momento de avanzar un paso más, apostando por las publicaciones en formato de libro; personalmente, estaba absolutamente convencido de que a la larga sería nuestro verdadero triunfo, y a la salida de nuestra reunión con representantes de las instituciones, caminando por los arquillos de Vitoria de un extremo a otro y repitiendo una y otra vez... planeamos la publicación de un libro de autores compartidos en el que tuviesen cabida todos los géneros literarios posibles, en castellano y en euskera. Poco después publicamos el libro «Cinco Voces», que incluía poesía, micro cuentos y relatos, así como cartas de amor. La mayoría de los textos estaban escritos en idioma castellano, aunque también los había en euskera.

Publicamos un libro con la idea de publicitarlo convenientemente, de modo que con el dinero recaudado fuera posible publicar más libros. Inicialmente sería de autores compartidos, hasta asegurar unas ganancias que permitieran publicar a autores vitorianos en solitario, en todos los géneros literarios.

Al igual que venía ocurriendo con la revista y tras nuestro primer libro, que incluía a cinco autores, lo distribuimos por las principales librerías y comercios de la ciudad. Entregamos ejemplares a las instituciones colaboradoras, prensa y radio etc., y algo más de cincuenta ejemplares gratuitos para cada uno de los autores publicados. Personalmente, estaba convencido de que se trataba de una idea genial, y en ningún momento contemplé la posibilidad de que pudiera resultar un fracaso. A menudo pienso de nuevo sobre aquello, acerca de la idea que tuve y me pareció tan brillante; pero a pesar de que dediqué el tiempo suficiente para explicársela a nuestros colaboradores habituales, algo no salió bien: publicamos hasta dos libros de autores compartidos, y recuerdo incluso cómo alguno de los autores acudió a mi casa con un carro para cargar libros, y una vez hecho esto, desapareció sin más ni más. Personalmente, no podía creer que los mismos autores a quienes promocionábamos, rehuyeran las presentaciones de prensa y televisión, etc., y lo recuerdo como algo muy extraño, que no lograba entender. Algunos autores incluso reclamaban más ejemplares de los establecidos inicialmente, y entonces comencé a darme cuenta de que mi idea no era la misma que la de otros, a pesar de haber aceptado las condiciones pactadas. Ciertamente no se vendieron muchos libros, porque no se llevó a cabo una divulgación adecuada. Con el segundo libro, titulado «Demasiada Realidad», el asunto empeoró muy notablemente, lo cual hizo tambalear la continuidad del proyecto. Poco después llegó la temida crisis económica, y todo comenzó a torcerse de un modo increíble: menos dinero y muchas más exigencias y trabas, hasta el punto de hacer el proyecto inviable, ya no sólo con el tema de los libros, sino en todo su conjunto.

Finalmente el dinero de la subvención sirvió para costear la edición de un par de libros publicados con «Ediciones La Botica», así como para sufragar gastos menores y pagar a nuestros colaboradores literarios y músicos en el décimo aniversario de «La Botica, revista literaria» y algún otro recital literario de carácter mayoritario.

Personalmente, considero que trabajar en equipo tiene sus pros y sus contras. Lo que para unos está muy claro, para otros es totalmente cuestionable. Si se debate en exceso se pierde mucho tiempo, y las ideas y proyectos deben quedar muy claros para concluir con éxito. Por otro lado, se necesita mucho tiempo para afianzar los objetivos y Jorge y yo nos distanciábamos cada vez más. Los años transcurrían y la rutina y la falta de tiempo lo complicaban todo, hasta que llegó un momento en el que los contratiempos no dejaban de sucederse. Algunos autores comenzaron a mostrar un ego desmedido, complicando los ensayos de los recitales e incluso monopolizando la puesta en escena, etc., retrasando y entorpeciendo los ensayos. Estábamos perdiendo frescura a pasos agigantados y resultaba muy difícil reunir a la gente durante los ensayos; por primera vez en más de diez años me di cuenta de que me costaba mucho asumirlo, y no parecía tener solución. Los problemas crecían.

Volviendo a lo de los libros, anteriormente ya había intentado convencer a Jorge de que el dinero obtenido en los recitales de algunas entidades e instituciones podría aglutinarse y destinarse a la publicación de libros, en lugar de abonarlo directamente a los autores que recitaban sus textos; pero él no estaba de acuerdo. Con aquella subvención fue posible publicar libros, o al menos intentarlo, y ambos estábamos de acuerdo. Pero tras publicar el segundo libro, el asunto se nos fue de las manos. Puede que los autores no estuvieran a la altura de las circunstancias, pero fue un fracaso total de ventas. Después se agravaría el distanciamiento entre Jorge y yo, la temida crisis económica y los ajustes presupuestarios, la presión a la que fueron sometidas las asociaciones... así como el cese definitivo de todas nuestras actividades literarias, tema sobre el que tratará el siguiente post.


Si deseas conocer los detalles y pormenores de la historia de «La Botica, revista literaria», número a número, pincha aquí.



Atentamente:
Rafael Moriel