domingo, 1 de septiembre de 2019

LA BOTICA, Revista Literaria-1 (El Comienzo)






Corría el tórrido mes de agosto de 2000 cuando, paseando junto a mi amigo Jorge Girbau Bustos, decidimos iniciar un proyecto literario que se convertiría en el más interesante y exitoso de la ciudad de Vitoria-Gasteiz durante los doce años siguientes.

Los orígenes de «La Botica, revista literaria» se remontan hasta el grupo de creación Entrecomillas, al que pertenecí desde sus inicios y hasta su disolución, y que fue liderado por mi gran amigo y escritor Juan Navidad, que en un momento dado decidió marcharse a vivir a otra ciudad.

Disuelto Entrecomillas, sus diferentes vertientes quedaron sin liderazgo. Algunos miembros del grupo me sugirieron que tomara el relevo, pero hacía tiempo que tenía en mente editar una revista literaria como proyecto exclusivo, y no veía posible llevarlo a cabo junto a ellos, pues a mi juicio no tenían las ideas claras.

Por aquella época, Jorge Girbau Bustos y yo nos entregábamos a largos paseos en los que charlábamos. El mes de agosto estaba siendo algo aburrido y ambos necesitábamos algo de acción. Tras hacerle partícipe de mi proyecto, decidió sumarse con los ojos cerrados; él había pertenecido al grupo de teatro y representaciones en el seno de Entrecomillas, pero era un autor literario que escribía mucha poesía, y parecía dispuesto a aventurarse con todas las consecuencias. Sin su colaboración hubiera sido imposible llevar a cabo aquel proyecto; a decir verdad, nada de lo que ocurrió posteriormente hubiera sido posible sin nuestros talentos y esfuerzos sumados en un objetivo común. Jorge y yo éramos grandes amigos, y continuamos siéndolo durante muchos años después, liderando y conformando la popular revista literaria alavesa «La Botica», algunos de cuyos detalles iré desglosando y analizando en los próximos posts de este blog.

Nuestro primer paso fue reunir colaboraciones literarias de algunas de las «plumas» más populares de la capital alavesa. En el café Carusso de Vitoria sentamos las bases del proyecto. Yo provenía del grupo de publicaciones en el seno de Entrecomillas, donde ya habíamos editado un número de la revista literaria «Rabia», que tuvo una pésima distribución al coincidir con la marcha de Juan Navidad y la posterior crisis surgida en Entrecomillas. Personalmente, la literatura y las actividades literarias nunca han tenido mucho sentido para mí sin la existencia de las publicaciones, y tenía muy claro, a grandes rasgos, cómo quería editar «La Botica, revista literaria». Estaba tan convencido de su formato como del enfoque abierto a todos los géneros literarios, al contrario que otras revistas literarias a las que nos tenían acostumbrados, orientadas principalmente a un grupo minoritario de autores que frecuentaban la poesía y que, a mi juicio, tan sólo llegaban a una pequeña parte del público amante de la LITERATURA. Tenía claro que jamás lideraría un proyecto ingenuo y minoritario, y mi mayor logro consistió en haberlo hecho posible durante los años que codirigí la revista y presidí la asociación que Jorge Girbau Bustos y yo crearíamos posteriormente.



La revista debía tener un nombre, y a mí se me ocurrió «La Farmacia», entretanto adquiría medicamentos en una farmacia de guardia. Más tarde y por sugerencia del poeta Mariaño Íñigo (DEP), el nombre derivó en «La Botica, revista literaria», que posteriormente acabó representando un pequeño logotipo de una bota graciosa en lugar de un almacén de medicamentos.

Editamos ciento veinticinco ejemplares iniciales. Yo mismo los imprimí y los preparé en mi casa, con una encuadernadora que utilizaba para enviar manuscritos a las editoriales. Gracias a la inestimable ayuda de Michel Martínez Vela, que por aquel entonces regentaba el mítico y popular Café Arte de la capital alavesa, situado en la calle Siervas de Jesús, la tirada se agotó rápidamente y pudimos comprobar que nuestro proyecto literario tenía un futuro muy prometedor. También colaboró el poeta y fotógrafo Javier Sánchez, sin cuya ayuda no hubiésemos podido editar la portada de la revista. Vendimos todos los ejemplares a un precio de ciento cincuenta pesetas y los lectores ya aguardaban la publicación del siguiente número, que al menos durante el año siguiente tuvo una periodicidad trimestral.

«La Botica» fue el proyecto que deseaba llevar a cabo. Llegamos a imprimir tiradas de tres mil quinientos ejemplares por número publicado. Diecinueve años después, estoy convencido de que tuve una gran visión: editar una revista literaria abierta a todos los géneros literarios, permitiendo publicar textos a aquellos escritores que, manteniendo una producción literaria constante, no tenían opciones de publicar. Me siento muy orgulloso de haber sido capaz de llevarlo a cabo durante doce años.

Junto a mi compañero Jorge y con nuestra asociación cultural, logramos promocionar algunos trabajos de más de trescientos escritores, colaborando con artistas plásticos, fotógrafos y otros creadores gráficos, a lo largo de dieciocho números editados y dos libros de autores compartidos. El éxito del proyecto radica en la suma de esfuerzos y talentos, y a pesar de todo el trabajo y el tiempo invertidos, mereció la pena sin duda alguna.




Si deseas conocer los detalles de publicación de «La Botica, revista literaria», número a número, pincha aquí.


Atentamente:
Rafael Moriel

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