domingo, 21 de abril de 2019

«La vida, como un intercambio de energía»



Aquello de lo que a menudo huímos es algo inequívoco


Esta tarde me disponía a escribir un post para este blog, del cual incluso tenía un borrador sobre mi escritorio; sin embargo, yo no sé muy bien por qué, me he sentado a escribir y finalmente me ha salido algo muy diferente, probablemente inspirado por un documental que visioné recientemente, cuya temática gira en torno a la vida y obras de uno de los científicos más prolíficos y brillantes de la historia reciente: Nikola Tesla, a quien dedico el presente artículo.

Mi mente evoca con ternura los recuerdos de la infancia, cuando todo resultaba más sencillo y la gente me llamaba cariñosamente por mi nombre, empleando diminutivos. Los veranos parecían más largos y los problemas tenían fácil solución; recuerdo que las mujeres más ancianas me preparaban tazones de arroz con leche, nutriéndome con magnífica energía... Ha llovido mucho desde entonces y mi aspecto, lejos de ser el de un tierno infante, es el de un hombre adulto con más de cincuenta años de edad. Mi frescura e inocencia, al igual que todas aquellas personas a quienes recuerdo con gran cariño y amor, quedaron atrás. Podría recurrir a multitud de ejemplos para introducir el presente post, pero quienes tenéis una cierta edad ya sabéis más o menos de lo que estoy hablando, así que me ahorraré romanticismos e iré directamente al grano, al más puro estilo de un observador científico:

La vida podría tratarse de un mero intercambio de energías con el universo, y con quienes coincidimos en un intervalo de tiempo concreto. De este modo, es muy posible que durante nuestra infancia y juventud estuviéramos absorbiendo la energía de otras personas, que a su vez perdieran la suya propia. Este acopio al que hago referencia, alcanzaría su punto álgido en un momento dado de nuestra existencia, en el que las tornas cambian; como si se tratase de un efecto físico que obedece a un cambio de estado o a una circunstancia concreta, lo adquirido comienza a ser devuelto al mundo que nos rodea, y a nuestros congéneres: a los hijos que procreamos, a las diferentes expresiones de la sociedad en la que vivimos, a la dedicación diaria en nuestros empleos, a los líderes y valores en los que creemos, a la lucha y supervivencia de una grave enfermedad, etc. En cualquier caso y si la vida acontece con normalidad, la cuenta atrás comenzaría a sucederse en un momento dado, y es tan sólo una cuestión de tiempo. A partir de entonces nuestro día a día parecería acontecer más deprisa, entretanto envejecemos; todo apunta a que nada será mejor de lo que ha sido hasta entonces, precisamente cuando hemos alcanzado una madurez como seres racionales y una sapiencia mayor que nunca antes, y nuestra mente puede haber logrado incluso una plenitud de conciencia próxima a la divinidad.

Pero terminamos aceptándolo, entre los devenires del día a día. Intrínsecamente todo sucede de modo similar a como ilustra el siguiente vídeo, relativo a la física y en relación a algunas de sus magnitudes fundamentales, que por otro lado no difieren de la frescura inicial a la que yo hacía referencia anteriormente, así como el transcurso del tiempo de nuestra existencia, cuando lo irresoluto que representa y supone hacen que todo vuelva a repetirse para comenzar de nuevo. Acaso como una respuesta a los principios de la física.



A fin de cuentas uno termina entregándolo todo, acaso como una vieja deuda de la que nadie escapa. La muerte tan sólo supone la total devolución. Y el amor, ¿qué es y qué supone? La respuesta queda pendiente para mi próximo post.

Como reflexión final, se me ocurre que tan sólo en la madurez es posible recordar y tener presentes a quienes nos entregaron su energía y velaron por nosotros, algunas veces en la sombra; entre ellos hay auténticos ángeles; sin alas, personas normales, vecinos, amigos, familiares e incluso casi desconocidos... Me despiso finalmente, entretanto os dejo rememorando a vuestros ángeles guardianes, tema que asismismo queda pendiente para un futuro post.




Atentamente:
Rafael Moriel

sábado, 6 de abril de 2019

Trashtag Challenge



¡Todo un reto en sólo 3 minutos!


Paseando al perro, he sido testigo del estado del parque tras una noche de «botellón» protagonizada por los adolescentes del barrio: el césped estaba cubierto por decenas de envoltorios de plástico, latas de cerveza y refrescos... Teniendo en cuenta que había al menos cuatro papeleras alrededor, la más lejana de ellas a unos 30 metros de distancia, me parece increíble que nuestros jóvenes sean tan inconscientes.

El medio ambiente atraviesa por sus peores momentos, a causa de nuestra pésima gestión de los recursos. Diariamente escuchamos en las noticias que la contaminación es un grave problema, que el cambio climático es ya una realidad, que nuestros océanos y mares están llenos de plásticos y que, en un plazo corto o medio, albergarán una mayor cantidad de plástico que de peces. En un mundo dominado por la mentira, donde los políticos toman decisiones opuestas a las propuestas en sus programas electorales, con religiones que dejan perecer a niños e inocentes, y una industria empeñada en ganar más dinero aun a costa de contaminar el planeta, la cultura viene sustituyendo sistemáticamente el arte y la creación por la telebasura y el histrionismo... nuestra única esperanza es la educación de los jóvenes.

A menudo pienso que todos los resíduos que reciclamos en casa durante un año, se vienen abajo durante un sábado por la noche, con el tratamiento de los resíduos llevado a cabo por cualquier hamburguesería de un centro comercial. Por mucho que los ciudadanos nos esforcemos reciclando, no lo lograremos si los políticos no se ponen «manos a la obra», obligando a fabricar, vender y reciclar, de un modo responsable y respetuoso con el medio ambiente. Llegados a este punto, considero que mi deber como bloguero es divulgar aquello en lo que creo, y he decidido escribir este post porque algunos pensamos, sentimos y obramos de un modo diferente, y el hábito se crea insistiendo. No puedo cambiar el mundo, si pudiera lo haría, pero no es posible. Por todo ello, propongo fomentar alternativas como el Trashtag Challenge y el Upcyling, que explico a continuación:

El Trashtag Challenge es un reto viral que está ayudando a limpiar el planeta. Se trata de recoger por voluntad propia, la basura que otros dejan. Playas y montañas de todo el mundo acumulan restos que las personas desechan sin tener en cuenta el medio ambiente. Este nuevo reto surgido en Internet, que se está haciendo viral, busca poner remedio al problema. Con etiquetas como #TrashtagChallenge o #TrashTag (el desafío de la basura, en una traducción libre al castellano) se están publicando en las redes sociales miles de imágenes del antes y el después de la limpieza de espacios naturales contaminados.

Trashtag Challenge, un ejemplo a seguir


Asimismo el Upcycling o supra-reciclaje, es una técnica que consiste en aprovechar materiales reciclables para crear productos que tienen un mayor valor que el material original, transformando residuos desechables en objetos de valor. A estas alturas, ambos términos deberían ser conocidos y promocionados en las escuelas, porque los profesores y los padres, aunque no lo parezca, tienen la responsabilidad de enseñar algo mucho más importante que las asignaturas: el respeto al medio ambiente y la sostenibilidad.

Upcycling, una salida creativa

Tomad buena nota y fomentadlo, especialmente entre los más jóvenes.



Atentamente:
Rafael Moriel