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sábado, 1 de junio de 2019

Mis Ángeles Favoritos





A veces recuerdo cómo era mi vida cuando era un niño y brillaba mi estrella, tan llena de vida como exenta de experiencia. Por aquel entonces «los mayores» me nutrían a través de su cariño y su energía, de manera incondicional. Pero los años van pasando y todos se van marchando poco a poco, aunque su recuerdo permanezca imborrable.

Los ángeles no vuelan, ni tienen alas. A menudo son personas de carne y hueso, que nos acompañan y con quienes compartimos nuestro día a día; otras veces conforman recuerdos o energías provenientes de seres a quienes recordamos con dicha, en un intento de hacer nuestras vidas algo más soportables. Dicho sentimiento funciona de un modo similar a la fe religiosa, mitigando nuestro desamparo e incomprensión ante la realidad que nos rodea.

Siempre hubo alguien que hizo algo por nosotros; aunque es muy posible que sólo con el transcurso del tiempo adquiera relevancia: asistirnos, orientarnos, o simplemente actuar desde el anonimato, aliviándonos, e incluso salvando nuestra vida: compañeros, amigos, familiares...

Mi padre regentaba un negocio de hostelería en un local céntrico, por lo que llegué a conocer a mucha gente curiosa y diferente. En ocasiones cierro los ojos e intento recordar todos aquellos rostros con nombre propio, y es entonces cuando me vienen a la mente recuerdos muy entrañables. Los ángeles no tienen por qué pertenecer a otros mundos diferentes; se mueven entre nosotros, aunque no logremos reconocerlos, cegados por la vorágine y la rutina del día a día.

Cuando era joven a menudo necesité la comprensión ajena, especialmente si me sentía triste y preocupado. Era una especia de anhelo o una recreación mental, que me hizo sentirme muy solo durante mi adolescencia y juventud. Actualmente soy bastante más fuerte, y mucho más consciente. Sin lugar a dudas mi ángel favorito es mi madre, a quien recuerdo a diario y con quien me comunico, a pesar de que falleciera. Hay muchas personas a quienes recuerdo con cariño. Por citar a alguien mencionaré a mi tío, Antonio Ruiz de Arechavaleta, que siempre fue muy creativo y emprendedor. El paso del tiempo me ha demostrado algunos hermosos detalles que tuvo conmigo:

Era un adolescente cuando llevé a casa a mis dos primeras mascotas (un gato negro y una perrita mestiza que escondía en el camarote, ambos abandonados). Mis padres se negaron a adoptarlos, y no sabía qué hacer. Ante su negativa y con un futuro incierto para aquellos animales, mi tío se hizo cargo de ellos en un principio, buscándoles un hogar definitivo posteriormente.

Antonio Ruiz de Arechavaleta (D.E.P.),
Pasé mucho tiempo acompañándole, entretanto construía una casa en un pueblo próximo a Vitoria. Recuerdo su Seat 850, de color azul. A decir verdad, cuando era pequeño sólo quería estar con mis padres, que trabajaban todo el día y no podían atenderme. A causa de ello pasé mucho tiempo sintiéndome solo. Durante mis estancias en el pueblo llegué a ser travieso y algo gamberro, pero mi tío siempre miró hacia otro lado. Años después acudió a verme recitar mis textos literarios, cuando actué con gran éxito en la Sala Vital de Vitoria; él estaba muy enfermo, pero se presentó repeinado y elegantemente vestido, en su silla de ruedas. Es muy posible que les deba mucho, a él y a mi tía también.

Recuerdo una tarde en la que yo me sentía triste, entretanto conducíamos a través del puerto de montaña de Zaldiaran. En mi casa había problemas y yo permanecía cabizbajo y callado, en el asiento del copiloto. Mi tío no dejó de hablar durante todo el trayecto, contándome que en un futuro próximo todos aquellos parajes estarían ocupados por merenderos, señalándome algunos lugares concretos. El viaje fue más sencillo y ahora entiendo que aunque me engañaba, logró entretenerme para hacerme olvidar.


Los ángeles existen si adquieren sentido

¿Seré yo el ángel de alguien? ¿Lo serás tú? Los ángeles nos rodean... aún estamos vivos.




Atentamente:
Rafael Moriel

domingo, 5 de mayo de 2019

El Sentido del Amor



Ten amor propio...



Comenzaré separando el amor del sexo porque, aunque pueden llegar a confundirse, realmente no tienen demasiado en común. Una vez dicho esto, conviene tener presente que el amor romántico es un invento reciente en nuestra historia sobre «la faz de la Tierra», fomentado y ensalzado por los trovadores y el sentimiento poético en general; eso, por no decir que el ser humano, como especie animal, al contrario que sucede con la mayoría de las aves... no es monógamo por naturaleza. Ciencia pura.

No creo que sea fácil hablar del amor, y mucho menos profundizar. A menudo escuchamos referencias en las canciones, leemos en los libros, lo apreciamos en las películas y series o, mejor aún, lo sentimos en nuestras propias carnes. Todos sabemos perfectamente de lo que estamos hablando; pero, a pesar de ello, hay quienes aseguran que el amor es tan sólo un «enganche emocional». A día de hoy y por suerte para todos nosotros, su verdadero sentido y significado continúan siendo un misterio, magnificándolo y dejando una puerta abierta a la interpretación.

En lo relativo a mis relaciones de pareja, siempre he creído que me gustaban las chicas que normalmente se fijaban en otro tipo de chicos, socialmente más populares y atractivos. Fui un joven demasiado introvertido y aunque en ocasiones ardía por dentro, me mantuve alejado y refugiado en mi mente y en mi mundo interior, repleto de música y literatura. No tuve demasiada suerte con mis primeras parejas sentimentales, frecuentando algunas relaciones patológicas, que me trajeron problemas y desasosiego. Desperdicié diez años de mi vida sin desconectar de un amor romántico, con alguien que no lo merecía en absoluto. Pero aprendí la lección, de veras que lo hice.

Independientemente de lo que os acabo de contar y por muy triste que parezca, el amor y la muerte se encuentran conectados intrínsecamente. Dejando a un lado el deseo, la sangre y las hormonas más propias del sexo, el amor no existiría en la inmortalidad. Ante tal afirmación, cabe hacerse la siguiente pregunta: ¿es entonces el sentimiento amoroso, algo con una fecha de caducidad? La realidad demuestra que el desamor puede llegar a ser más fuerte e intenso que el amor; en un preciso instante, tan sólo una delgada línea los separa. Por otro lado, el sentimiento romántico está estrechamente relacionado con el pasado; cuando los amantes, los padres y ancestros comienzan a formar parte de lo onírico, mezclándose entre el silencio y la memoria.

El amor se hace más evidente con la muerte; pero ambos forman parte del devenir. Si fuésemos inmortales no amaríamos a nadie, no podríamos hacerlo, porque el amor y todo el romanticismo convergen en ella; sin la muerte, sin el envejecimiento, sin la dependencia o el intercambio y el beneficio, sin nada de esto sería posible.

Decía Bukowski que el amor es envejecer juntos. Yo añadiría «respetándose». ¿Acaso estaba equivocado el prolífico escritor? ¿Es que no os parece suficientemente hermoso? O quizá su máxima expresión sea el amor de los padres hacia sus hijos, y en particular el amor de madre, que sirve y protege a inocentes.

Llegados a este punto, yo diría prefiero el amor de adulto.

¡A la porra el amor romántico! ¿A la porra, de veras? O acaso tan sólo se trate de una ilusión... como dice la canción.




Atentamente:
Rafael Moriel